EDITORIAL

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A casi dos años de gobierno, Enrique Peña Nieto tiene la obligación de traducir en hechos, en logros, todas aquellas reformas que ha impulsado en su sexenio, para diferentes rubros.

Después del informe, en el que se ponderaron los cambios, las iniciativas de Ley como un avance, le corresponde ahora que los ciudadanos de a pie, las familias mexicanas recuperen la confianza en las instituciones y reciban los beneficios que se ofrecen.

 

El día de ayer, uno de septiembre, marca el comienzo de una nueva etapa en la administración para llevar a la práctica las reformas que generen desarrollo.

De ahí cobra importancia la entrega y revisión de  la glosa del informe presidencial con la comparecencia de los funcionarios federales que considere la Cámara de Diputados, en donde se ha de discutir el paquete económico.

Ese paquete está integrado por los Criterios Generales de Política Económica, la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos para el año entrante.

Dichos instrumentos serán clave para la puesta en práctica de las reformas constitucionales aprobadas en la actual legislatura, porque todos los esfuerzos de la discusión y aprobación del presupuesto, deben estar orientados al crecimiento con equidad y con acciones que se encaminen al fortalecimiento del salario y a la satisfacción de las necesidades sociales.

Ese es el gran reto del Ejecutivo y de la Cámara de Diputados, toda vez, los prácticamente dos años de gobierno no han sido suficientes para convencer a las familias de que a México le está yendo mejor.

Al contrario, existe la percepción de que, a partir del insuficiente crecimiento de la economía, Peña le sale debiendo al país, en comparación con el montón de compromisos que se echó a cuestas antes de asumir el poder.

El gobierno de Enrique Peña Nieto tiene ya las reformas estructurales que pueden generar inversiones y crecimiento. No existen más pretextos para seguir con el bajo crecimiento de la economía.

 

De aquí en adelante no hay más plazos, después del segundo informe se acabó la tregua, es ya una exigencia ciudadana el traducir en resultados las reformas tan cacaraqueadas, que fueron la base de los dos primeros años de gestión y que, por lo pronto, solo significan un puño de buenos deseos, mientras los mexicanos esperan que su gobierno cumpla lo prometido.

 

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