EDITORIAL

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Esta semana empieza el Mundial de Futbol e inicia también la tregua ciudadana involuntaria a todos los problemas cotidianos que normalmente son el dolor de cabeza de la sociedad.

Al menos eso pasa cuando juega la Selección Mexicana, convertidos en héroes de camiseta verde, aunque se sabe que será difícil ver a un jugador de sangre azteca abrazar la copa FIFA.

 

Pero eso no importa, para el país un minuto de gloria, un juego ganado, un gol es suficiente para el estallido generalizado de la felicidad que lo mismo contagia a ricos que a pobres.

En los siguientes días, la Patria se vuelve un balón y el Nacionalismo se reduce a reuniones familiares para seguir la labor de un grupo de deportistas que tiene en sus manos, o en sus piernas, la honra del país.

Y ni cómo hacerle, los mismos detractores del futbol, aquellos que cuestionaron la agenda legislativa acomodada justo en los días del mundial, esos mismos igual van a mantener el resuello cuando México se pare en las canchas de Brasil.

Lo anterior, más que criticable, es un tema de análisis sobre la necesidad de inspiración en la sociedad, la urgencia de héroes ciudadanos, de motivos para levantar la frente y entonar el Himno Nacional.

Cuando el país se avergüenza de funcionarios corruptos, cuando los escándalos políticos, las ejecuciones, los secuestros, son temas obligados en cualquier sobremesa, se vuelve importante el buscar caminos sanos para las nuevas generaciones.

Para los ciudadanos, es evidente que hace falta nuevos héroes, que ya fue suficiente de enaltecer narcos, de llorar a artistas ejecutados, algunos también narcos y de aplaudirle a políticos en campaña.

Se requieren figuras sanas, ejemplares, cuyos logros representen un motivo para que las nuevas generaciones conozcan una vida de gloria que no esté vinculada al crimen organizado o a la corrupción.

Es en estos días de Mundial cuando las autoridades debieran aprovechar para abrir nuevos foros de práctica en las colonias, donde existen miles de niños y jóvenes que desean destacar en la vida.

Por ellos, por los ciudadanos más jóvenes es que vale la pena invertir tiempo en un evento internacional que le deja millones de pesos o de dólares a las televisoras, cierto, como deja mucha esperanza en la gente desilusionada por la realidad.

 

Eso no significa que se van a olvidar los problemas torales del país, al contrario, significa que se tiene que apoyar a las nuevas generaciones para que tengan una vida sana y sean ellos quienes resuelvan los conflictos que se les heredará en un país que necesita menos violencia y más deporte.

 

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