EDITORIAL

0

 

 

El tres por ciento de la población en el país y en el estado, padece obesidad mórbida, para representar una pesada carga en instituciones de salud.

Poco se habla del tema a pesar de que el riesgo principal está dirigido a los niños que, de manera alarmante, ocupan uno de los primeros lugares en sobrepeso.

 

Según el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, la obesidad mórbida se ha convertido en un problema social porque no existen todavía causas demostradas sobre la enfermedad.

Porque si bien existen estudios que han comprobado que de 40 a 60 por ciento de los casos son secundarios a alteraciones genéticas, éstas no han sido identificadas con precisión.

Por otro lado, no existe un factor contundente para confirmar que alguien tenga un gen que lo hace tener un metabolismo diferente y ser obeso. Sí hay alteraciones del metabolismo predeterminadas genéticamente que condicionan la obesidad, pero son pocas.

Lo que sucede es que el obeso no puede parar de comer, lo hace en exceso, y un gran componente de este comportamiento está determinado también genéticamente.

A la fecha, los medicamentos desarrollados para tratar la obesidad tienen éxito limitado; es más, algunos han sido retirados del mercado porque desatan efectos adversos serios que actúan sobre el sistema nervioso central, e inhiben o disminuyen el apetito, lo que afecta otros centros del sistema nervioso y produce una serie de problemas.

En la actualidad no existe, como quieren muchos pacientes, la pastilla mágica para bajar de peso, lo que deja pocas alternativas para aquellas personas con obesidad mórbida.

Y paralelo a ese sobrepeso, vienen enfermedades crónicas que reducen la calidad de vida y, en muchos de los casos, son causa de muerte, como ocurrió este domingo en Empalme.

Precisamente por el ejemplo de la mujer que recientemente falleció en el municipio rielero, es que las autoridades de salud deben emprender una campaña fuerte para reeducar a la población, en especial a la infantil, sobre la importancia de adquirir buenos hábitos de alimentación.

No es justo que, por mala educación, en esta región y en el país se estén creando generaciones malformadas, con enfermedades crónicas asociadas al sedentarismo y la comida “chatarra”.

 

Valdría más que las instituciones invirtieran en la prevención de enfermedades y en fomentar el consumo de alimentos saludables, a que los hospitales se llenen de personas enfermas por malos hábitos.

 

 

Compartir.

Deje una respuesta