EDITORIAL

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Por si quedase alguna duda de la ambición política que impera en nuestros tiempos, el Senado de la República aprobó esta semana el dictamen con el que se avala la reelección de legisladores y alcaldes.

Así, sin una consulta ciudadana, sin tener el respaldo de la gente a quienes representan y con más cuestionamientos que reconocimientos, el Pleno de los senadores decidieron que el país ya está preparado para superar el tabú aquel que rechazaba cualquier posibilidad de reelección.

 

Y si se sigue el camino que ya se inició, el dictamen será aprobado en la Cámara de Diputados para constituirse como la gran reforma política que vendrá a cambiar el espectro nacional, para bien o para mal.

El dictamen destaca que el nuevo Instituto Nacional de Elecciones tendrá 11 integrantes en lugar de nueve. En el mismo se incluye un mecanismo de elección escalonada de consejeros.

Asimismo, senadores, diputados federales y presidentes municipales serán reelectos de forma consecutiva; los senadores, por dos periodos; y los diputados, hasta por cuatro; siempre y cuando sean postulados por el mismo partido, lo cual se empezará a aplicar por los diputados y senadores electos a partir de 2018.

Además, se acordó crear  la Fiscalía General de la República, que sustituirá a la actual PGR; su titular durará nueve años en el cargo y será nombrado por el Senado y el Ejecutivo.

También, con la reforma, se eleva de dos a tres por ciento de la votación total, el mínimo para que los partidos políticos conserven su registro.

Todo eso se aprobó con un supuesto interés de mejorar la representación popular, que los legisladores y gobernantes municipales tengan un incentivo para hacer bien su trabajo y así volver a postularse.

Ese argumento es completamente inválido y hasta absurdo, evidencia la falta de respeto a la Ley por parte de los mismos que juran cumplirla y que terminan recargados en sus propios intereses.

Pero por más señalamientos que se hagan, el golpe ya está dado, lo que sigue es formalizar las reformas y esperar a ver quién o quiénes serán los primeros en pretender reelegirse para observar el sentir de la gente que se refleja, invariablemente, en los votos.

Esa es la gran ventaja del pueblo, que aunque no sea tomado en cuenta para los cambios estructurales del país, tiene en sus manos el poder de decidir a través del sufragio.

 

Y hoy más que nunca el electorado deberá poner ojo avizor en los perfiles de los y las candidatas que participen en los procesos, tomando en cuenta que por más malos que sean, no solamente pueden ganar, sino que ahora hasta pueden repetir.

 

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