EDITORIAL

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Como seguramente usted habrá observado en los últimos meses, e incluso años, el número de menores infractores, como se les llama a quienes incurren en algún delito o infracción, ha aumentado, pero también las “infracciones” que cometen se han agravado.

 

De tal suerte, que hemos visto con estupefacción como prácticamente niños son señalados como homicidas, e incluso se les tilda de sicópatas, como en el caso del “Ponchis”, detenido hace unos años en Morelos, quien tranquilamente admitió que desde los 12 años había asesinado a varios y que a sus entonces 14 años, era un “sicario”.

 

Por cierto, ahora, a los 17, el jovencito está a punto de salir del centro de readaptación para menores en el que estuvo recluido, aunque muchos dudan de que realmente pueda alcanzar una verdadera readaptación.

Y cómo no ver ese tipo de hechos cuando de acuerdo con cifras de los Centros de Integración Juvenil, en los últimos cinco años, el consumo de alcohol, tabaco, mariguana y cocaína se ha triplicado entre los adolescentes, principalmente en mujeres.

Según alertó, el director general adjunto de Operación y Patronatos de los Centros de Integración Juvenil (CIJ), José Ángel Prado García, en 2008,  por cada 10 adictos hombres que había en México una era mujer.

Sin embargo, en la actualidad la proporción es una adicta por cada tres varones, de acuerdo con cifras retomadas de la más reciente Encuesta Nacional de Adicciones.

Cabe señalar que de acuerdo con el directivo, cerca del 60 por ciento de los adictos que son atendidos en los 114 Centros de Integración que se ubican en el país, logran su recuperación, cifra que naturalmente deja que desear, porque un 40 por ciento continúa atrapado en el mundo de las drogas.

Naturalmente que una persona que es víctima de drogadicción, hará hasta lo imposible para satisfacerla, desde robar, prostituirse y lamentablemente hasta quitarle la vida a otra persona.

 

De ahí la importancia de todos los sectores de la sociedad, para que más que tratar un problema, se prevenga que niños y jóvenes caigan en manos de este cáncer social que separa a familias y en ocasiones acaba con la vida de los jóvenes.

 

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