Se quedan Monarcas con la Copa MX

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Monarcas Morelia se coronó campeón de la Copa MX con Federico Vilar como gran figura al atajar tres disparos en la serie de penaltis para ganar 3-1 (6-4 global) al Atlas de Guadalajara.

Vilar atajó los disparos de Vuoso, Cufré y Ayala, mientras que los tiradores michoacanos fueron certeros para llevarse el triunfo, después de un vibrante empate 3-3 en tiempo regular.

 

Monarcas se fue al frente en el marcador al minuto 6, en una jugada en la que Jefferson Montero robó un balón dentro del área, ante una mal despeje de la defensiva atlista, para después sólo recortar a Pinto y mandar el balón al fondo.

Los michoacanos dieron un segundo golpe al minuto 13, con un golazo de Edgar Andrade, quien prendió la esférica de larga distancia para ampliar el marcador.

Sin embargo, vino la reacción atlista, al final del primer tiempo, cuando Carlos Morales metió la mano para evitar un gol de Vuoso, por lo que el silbante le mostró la tarjeta roja y marcó pena máxima.

El encargado de cobrarla fue Omar Bravo, quien engañó a Vilar con un disparo a la izquierda al minuto 39. El ‘mochiteco’ pasó de héroe a villano en segundos, pues unos instantes antes de que terminara el primer tiempo vio una segunda amarilla por una patada sobre Enrique Pérez y se fue a las regaderas.

Los rojinegros lograron el empate al minuto 51, cuando Edson Rivera mandó un buen pase filtrado para Vicente Matías Vuoso, quien acomodó el cuerpo y sacó un disparo cruzado que venció a Vilar y puso el 2-2.

Pero Monarcas reaccionó de inmediato y al 53′, Montero desbordó por derecha y sacó un centro preciso para que, a segundo poste, apareciera Mancilla para rematar de cabeza y poner en ventaja a los michoacanos.

Las emociones aún no terminaban y al 57′, Lucas Ayala prendió el balón desde las afueras del área para vencer por tercera ocasión a Vilar y poner el empate en el marcador.

 

El partido no bajó en intensidad y ambas escuadras tuvieron opciones de llevarse el triunfo, pero las defensivas y los porteros se aplicaron para evitar desaguisados, por lo que el encuentro se definió desde los once pasos. 

 

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