Definen los Tesoros Humanos Vivos de Sonora

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Se trata de un distintivo instituido para reconocer la contribución de promotores y guardianes del patrimonio cultural inmaterial.

A los 15 años, Cirila Moroyoqui Moroyoqui tejió su primera cobija grande en su pueblo natal Teachive, en el municipio de Navojoa; hoy, a sus 82 años, es una de las cuatro personas seleccionadas como Tesoro Humano Vivo, distintivo instituido para reconocer la contribución de promotores y guardianes del patrimonio cultural inmaterial.
Mónica Villegas Murrieta, coordinadora de Patrimonio Cultural en el Instituto Sonorense de Cultura (ISC), informó que este lunes se reunió el comité dictaminador para evaluar las postulaciones presentadas a través de la convocatoria de Tesoros Humanos Vivos, lanzada el pasado 31 de julio como parte del paquete de estímulos para la comunidad artística y cultural en tiempos de contingencia por COVID-19.
“Es un buen inicio que las iniciativas provengan de comunidad donde se encuentran los Tesoros Humanos Vivos, son las comunidades las que buscan el reconocimiento y que se fortaleza la transmisión de saberes; el comité consideró que para futuras ediciones se otorguen reconocimientos por grupo indígena y sea más accesible la posibilidad de participar”, explicó.
Los Tesoros Humanos Vivos de Sonora, en su primera emisión, son: Julio Valenzuela Álvarez, de 78 años, de Alto Guayparín, Etchojoa, quien forma parte de la comunidad indígena yoreme-Mayo y es hablante de lengua materna. Es músico tradicional, ha sido fariseo, tiene conocimiento ritual de cuaresma donde representa a Pilato.
Manuel Buitimea Álvarez, de 77 años, de Vícam Pueblo, hablante de su lengua materna yaqui, es maestro eclesiástico de la santa iglesia, maestro mayor en la fiesta de San Juan. Ha sido cabo, fariseo, músico tradicional, venado y cantador mayor.
Cirila Moroyoqui Moroyoqui, de 82 años, de Teachive, en el municipio de Navojoa. Es yoreme-mayo, que inició su oficio como tejedora a los 8 años de edad y a los 15 años realizó su primera cobija grande.
Francisco Barnett Astorga, de 75 años, de la comunidad comcáac, mantiene vigentes antiguas prácticas, cantos de poder, construcción y ejecución del monocordio y se ha preocupado por la recuperación de prácticas medicinales y formas de comprender el territorio mediante la palabra cantada.

Los cuatro reconocimientos incluyen la entrega de un estímulo económico único para cada uno por 45 mil pesos y la realización de dos actividades en retribución, tales como talleres, charlas, encuentros, para que compartan sus saberes a las generaciones más jóvenes de su entorno comunitario y público en general.
El comité dictaminador estuvo conformado por Alejandro Aguilar Zeleny, Anabela Carlón Flores, José Antonio Cruz Casas, Guadalupe Osuna Lizárraga y Alma Mónica Villegas Murrieta.
Este programa es apoyado con recursos federales, a través del Programa de Apoyo a la Cultura, en su vertiente Apoyo a Instituciones Estatales de Cultura 2020.

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