Realzan autoconcierto con gran éxito

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¡Malditos pecadores! ¡No, no tuvieron un mal sueño, tampoco fue la cruda de una borrachera, sino el despertar de un horrendo letargo en un autoconcierto de Moderatto!

Bendita libertad, delimitada al interior del congelador del Foro Pegaso, pero al fin aire fresco. Cero toxicidad, paranoia al mínimo, cubreboca como arma primordial y mil 500 cajuelas disfrazadas de hieleras clandestinas para volver a vivir.

La noche del viernes, dos metros separaban un auto de otro. Cada quien en su cuadrito, engullendo la mejor cerveza, cuba, tequila o güiscacho en lo que va del año; y enfrente Bryan, Xavi, Mick Marcy, Roy y Elohim. Abrazos restringidos entre pecadores a bordo de un mismo coche.

Nadie compartió porro ni trago con el resto. Ese pequeño gesto de valedorismo

seguirá restringido. Sonrisas y coqueteos lejanos sí hubo, y mucho sentimiento, ese no quedó a deber.

Bastó con ver que la coreografía de Sentimettal fue la sacudida de pelos, problemas y estrés más fuerte en los casi cinco meses que se lleva viviendo con el virus en México que, por esta noche, fue mejor referirse a él como
el innombrable.

«Es la primera vez que no me estresa el ruido de tanto claxon”. Sí Xavi, tampoco a la banda le molestó el intempestivo y avasallante bocinazo, al final de cuentas, fue la manera más adecuada para alentar desde cualquier punto. Luces intermitentes que, en lugar de avisar un percance, fue una señal de mero relajo.

Frente al escenario, las primeras filas de coches; hubo chicas sobre los toldos y vatos cuyo peso pluma evitaban las abolladuras. Los pesos pesados mejor tomaron la decisión de bajar los cubrebocas, porque hay que ser sinceros, muchos se los sacaron para cantar y no respetaron su uso al descender del vehículo, y sacudieron sus problemas saltando, fondeando y tristeando con las baladitas llegadoras. Cuánta tristeza de la buena trajeron Mil demonios y No hay otra manera.

 

Sigue la fiesta

Canción tras canción, bocinazo tras bocinazo, lampareados y baterías secándose. Baños abandonados, pero completamente limpios.

Hubo sanitización constante, una acción que debería quedar a perpetuidad en los eventos masivos, pero era innecesario moverse para ir al baño porque Elohim y su monstruosa batería llamaron al “We Will Rock You” como introducción de «Muriendo lento».

Obviamente, no faltaron las chicas buena onda que sacaron su espíritu

Belindesco. “¡Se acabó!”, gritaron al acabar la rola. Y sí señores, las chicas, con ese tino para emular el final de Muriendo lento, salieron “ganando, como siempre”, diría la Beli.

Todo mundo pecó. El chupe clandestino no se terminaba y no paraba de salir de las cajuelas, al final fue la opción más barata porque dentro sólo se vendieron combos sellados, que fueron de los 450 a los tres mil pesos. “Mucha lana”, dirían en el barrio.

Sobre el escenario, Bryan ya se había quitado la flojera, el frío y el temor. Se encueró del torso, como siempre acostumbra. Corrió, azotó, caminó, saltó y le dio cientos de vueltas al escenario 360º, donde cuatro vochitos adiamantados ¡terminaron de cabeza por Moderatto!

Hay una tradición que no se perdió. Bryan encontró a un fan, a un ejecutor de las cuerdas en instagram, lo trepó al escenario con cubrebocas y careta para finiquitar Ya lo veía venir. Ricardo Pérez se llevó a su casa la anhelada lira del máster de la locura: Bryan Amadeus.

«La mejor medicina es la música en tiempos de incertidumbre y vulnerabilidad”, dijo el vocalista y cuánta razón tuvo. Y contagió a unos cuantos pecadores locos que, aún con el horrible frío, se sacaron la playera para entrar más en calor.

Los motores se prendieron. Gracias Moderatto, por devolver un poco de vieja normalidad y mucha libertad.

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