El choque que formó la Luna ocurrió «a la segunda»

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La Luna es un lugar desconcertante. Carece de atmósfera, está seca, difícilmente tiene un núcleo de hierro y está cubierta de una fina corteza químicamente similar a la de la Tierra. Por qué la vemos cada noche en el cielo es una de las preguntas más interesantes de la astronomía. La mejor explicación para su existencia fue formulada hace 45 años por los científicos William Hartmann y Donald Davis, a partir del hallazgo de un cráter de impacto gigante en el límite de su cara visible, que más tarde sería bautizado como Mare Orientale. Esta teoría dice que la Luna se formó cuando un cuerpo del tamaño de Marte apodado Theia chocó contra Gaia, la Tierra primitiva, hace más de 4.500 millones de años. La colisión arrojó la capa superior de la Tierra al espacio, donde los escombros se recombinaron para dar forma a nuestro satélite natural.

La teoría del «impacto gigante» ha resistido más de cuatro décadas de escrutinio científico y hoy es ampliamente aceptada. Sin embargo, a medida que los científicos planetarios continúan reuniendo datos y realizando simulaciones por ordenador cada vez más potentes, han surgido algunas fisuras, especialmente sobre el enigma de la composición de las rocas lunares, tan parecidas a la Tierra. Para intentar explicarlas Erik Asphaug, profesor de ciencias planetarias de la Universidad de Arizona (UA), ha desarrollado su propia hipótesis. Y su conclusión fundamental es que Theia ya nos había golpeado en el pasado. Es decir, la Luna se formó «a la segunda».

Rocas como las de la Tierra

Las muestras devueltas de las misiones Apolo han demostrado que las rocas lunares son químicamente indistinguibles de las de la Tierra. En principio, esto confirmaría la teoría de 1974. Sin embargo, las modernas simulaciones muestran que el impacto gigante estándar crearía una Luna hecha del impactante planeta Theia, no de la Tierra, explica Asphaug. «¿Por qué iba a coincidir la Luna (con la Tierra) si está hecha de un planeta completamente diferente?», reflexiona el investigador.

La pregunta ha llevado a muchas ideas nuevas sobre el origen de la Luna. Por ejemplo, después de que esta se solidificara, tal vez el material posterior de la Tierra fue expulsado y colocado en la parte superior. «Irónicamente, eso significaría que todas las rocas que los astronautas del Apolo recogieron son de la Tierra», señala Asphaug.

Pero la Luna ha sido bombardeada por grandes impactos de meteoritos que hacen agujeros muy profundos y deberían haber arrojado la roca de Theia enterrada a la parte superior. Deberían, pero esa roca no aparece.

Las simulaciones también parecen mostrar que cuanto mayor es el impacto gigante, más debería estar hecha la Luna del impactador. Por ese motivo, otro estudio reciente sugiere que, en lugar de una brutal Theia, una sucesión de impactadores más pequeños formó una serie de lunas más pequeñas, cada una de composición similar a la Tierra, que luego se unieron en una única Luna.

Desafortunadamente, esto implicaría que todos los impactadores tuvieron que atacar desde la misma dirección, lo cual es altamente improbable ya que los impactadores golpean la Tierra desde todos los ángulos, señala Asphaug.

«Golpea y corre»

Otra solución potencial ha sido denominada «Golpear y correr». «Si golpeas la Tierra con fuerza y velocidad, Theia no se queda», expone Asphaug. Si Theia continuó su camino, el resultado podría ser una luna formada principalmente de la Tierra. O, si Theia fuera un planeta helado y descarriado, tal golpe y carrera lo vaporizarían, resolviendo el problema de la roca de la Tierra y explicando por qué Theia ya no existe. «Pero estos son eventos específicos muy poco comunes», dice Asphaug.

Asphaug y su colega Alexandre Emsenhuber, también de la UA, han desarrollando su propio modelo de origen lunar para demostrar que la Luna se pudo crear en un impacto gigante ¡de dos etapas!

En este sentido, proponen que Theia golpeó a la joven Tierra y disminuyó la velocidad como resultado de una colisión del estilo «chocar y correr». Theia siguió orbitando el Sol antes de volver a impactar contra la Tierra de nuevo, tal vez un millón de años después, esta vez formando la Luna en una lenta fusión bastante similar a la teoría estándar originalmente propuesta por Hartmann y Davis. «Si ya has tenido un par de impactos gigantes con la Tierra, para empezar, tus composiciones se mezclarán», explica Asphaug. Un impactador gigante hecho de ese material resolvería muchos de los problemas sobre el origen lunar.

La Luna torcida

No es la única idea. Para entender la estructura interna de la Luna, el profesor de ciencias planetarias Jeff Andrews-Hanna ha liderado múltiples investigaciones utilizando datos gravitacionales recopilados por la misión de GRAIL de la NASA. Y estos datos han revelado nuevos misterios: Por ejemplo, que la Luna está torcida.

Asphaug propone que una lenta fusión de dos lunas, que él llama un «plaf gigante», puede ser responsable de la desigualdad. El lado lejano montañoso, dice, puede ser una segunda luna que colisionó lentamente con la primera y formó una capa fría y gruesa. «La mayoría de estas ideas serán apoyadas o eliminadas en la próxima segunda era de la exploración lunar», asegura el investigador.

Las misiones de Apolo se agruparon en un área pequeña del lado cercano de la Luna, por lo que las futuras misiones en el otro lado de la Luna puedan ayudar a responder a más preguntas. «Sabemos mucho sobre la Luna, pero muy poco para un cuerpo tan cercano. Hay enormes preguntas fundamentales que responder», reconoce Andrews-Hanna. «Este es un momento apasionante para la ciencia lunar».

Fuente: abc.es/ciencia

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