¿Qué relación guarda la oración del Ángelus con el cometa Halley?

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El objeto celeste más popular es, sin lugar a dudas, el cometa Halley. Nos visita con una puntualidad exquisita, casi suiza, cada setenta y cinco años. Este viajero celeste nos recuerda la fugacidad de nuestra existencia, ya que en el mejor de los casos tan sólo podemos contemplarle en dos ocasiones.

El astrónomo inglés Edmund Halley (1656-1742) fue el primero en calcular su órbita y tras investigar los informes de los cometas que pasaron durante los años 1531, 1607 y 1682 llegó a la conclusión de que en realidad eran el mismo.

Predijo que nuevamente este cometa sería observado en 1758, como así fue.

Desgraciadamente, el científico no pudo disfrutar de su auspicio ya que falleció dieciséis años antes. La comunidad científica decidió honrarle bautizando al cuerpo celeste con su apellido.

La última visita de este viajero galáctico ocurrió en 1986, convirtiéndose en el primer cometa en ser observado con detalle por naves espaciales. La próxima vez que se asome a nuestras vidas será en el 2061, ese año algunos afortunados octogenarios revivirán la refulgente imagen que se quedó grabada en sus retinas cuando eran niños.

Excomulgado por el primer Papa español

El primer español en sentarse en el sillón de San Pedro fue Calixto III (1378-1458), entre las trascendentes decisiones que tomó a lo largo de su papado destaca una especialmente, la bula que emitió en el año 1456.

En ella convocaba a todos los católicos a rezar implorando a Dios la desaparición del cometa o, por lo menos, que su órbita fuera desviada hacia el Imperio turco. Su animadversión se debía a que tan sólo tres años antes Constantinopla había caído en manos de los infieles.

¿La oración de millones de cristianos sería suficiente para virar la trayectoria de un amasijo de agua, hielo seco, metano, hierro, amoniaco, magnesio, sodio y silicatos?

Calixto III tampoco pedía tanto… o quizás sí.

El Papa exhortaba a toda la cristiandad a concentrar sus rezos al amanecer y a la caída del sol. Con el paso del tiempo la oración se trasladó al mediodía, conociéndose como el rezo del Ángelus. Su nombre hace alusión a su inicio: “Ángelus Domini nuntiavit Mariae”.

Que la realidad no te amargue una buena historia…

La segunda medida que tomó Calixto III, no por ello menos categórica, fue excomulgarle, lo cual parecía muy coherente, de no ser por el insignificante detalle que todavía faltaban más de doscientos años para que el cometa fuese bautizado.

Afortunadamente para todos, el cometa siguió describiendo su elíptica órbita, ajeno a la soflama que miles de cristianos le lanzaban a millones de kilómetros de distancia. De haberse precipitado sobre Constantinopla habría acabado con el Imperio turco y con toda la cristiandad de un plumazo.

Cuando el cometa Halley volvió a pasar no quedaba rastro de aquel Papa con tan malas pulgas ni de la mayoría de los cristianos que imploraban una estrepitosa caída, sin embargo, sus descendientes seguían rezando diariamente el Ángelus.

Para ser honestos, cuando se revisa minuciosamente la bula original de Calixto III no hay ninguna alusión implícita ni explícita al cometa, la única referencia a la misma aparece en una obra del matemático y astrónomo Pierre Simon Laplace. Es posible que todo haya sido una leyenda para desacreditar al Papa español.

En cualquier caso, y como decía Hans Christian Andersen, la vida en sí misma es el cuento de hadas más maravilloso que se puede contar.

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.

Fuente: abc.es/ciencia

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