El box contra la violencia

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En un cuarto de la colonia Tacubaya, Sharon Michel, de 13 años, se hacía daño a sí misma, al escuchar que sus padres peleaban al otro lado de la puerta. La joven no lloraba y no decía nada, se encerraba en su habitación. Hasta que su mamá se dio cuenta e hizo que con el box derrumbara una de las barreras más inquebrantables para una niña de su edad: el bullying.

“A mi hija le hacían bullying, era una niña que estaba llenita y un día, por diferentes circunstancias, chequé su celular, me di cuenta que le hacían bullying, que le insultaban, que se referían con palabras que no eran propias para una niña. Además, me di cuenta que mi hija se había cortado el cuerpo, las piernas, por las diferencias que había entre papá y mamá. Porque a ella no le gustaba que nos peleáramos. Ella era de las que no dicen nada”, cuenta Lucero, la mamá de Sharon Michel.

En el tercer piso del gimnasio Lupita, en la colonia Tacubaya, no se habla de las gestas de Ricardo Finito López o de que un día el estadunidense Mike Tyson cruzó la puerta de ese refugio de boxeadores. No. En ese espacio, que está en el centro de una de las colonias más populares de la Ciudad de México, se reúne un grupo de niños que se empeñan en hacer válida una paradoja, el combatir la violencia con los puños. Todo esto como iniciativa de la Fundación Traso, por medio de su programa Campeón de la paz (Capaz).

“El box es un deporte de contacto, es lo hace atractivo para los niños y nosotros lo promovemos como una disciplina. Cuando un niño empieza a practicar box, aprende a canalizar sus emociones y automáticamente cambia, se siente más seguro de sí mismo. El box empodera y eso ayuda a mejorar la autoestima de niños que han sufrido violencia o bullying”, explica Margaret Larrinaga, presidenta de la Fundación Traso.

“Todo el deporte tiene el poder de cambiar la vida de un niño, de una familia, de una comunidad. El box, por más que se piense que es un deporte violento, la verdad es que trae mucha disciplina, desarrolla muchas habilidades en el cuerpo, desarrolla la habilidad de solución de problemas, la niña o niño está todo el tiempo pensando en su próxima acción y esto nos confirma el poder del deporte en la vida de un niño o una familia”, agrega Alice Gismonti, directora de Impacto Comunitario para Nike en Latinoamérica, una de las empresas que apoya el proyecto.

Sharon Michel es uno de esos casos. Por medio de la Fundación Traso, primero peleó contra el estereotipo de que las mujeres no pueden hacer box y luego ganó confianza para evitar que los niños la siguieran molestando. En el tiempo que llevan asistiendo al gimnasio Lupita, ella entrena dos veces por semana y, junto a su mamá, recibe atención psicológica una vez cada siete días. Ahora está próxima a hacer su debut en un ring, porque su sueño es ser parte de la historia de púgiles mexicanos que han estado en el Lupita, y regresar con un campeonato del mundo.

“Voy contra los estereotipos de la gente, que dice que unas cosas son para niños y otras cosas para las niñas. Eso está mal, porque debe de haber igualdad de género. Los hombres pueden hacer cosas de la cocina o de la casa, al mismo tiempo que las mujeres podemos hacer trabajos duros o deportes con más fuerza”, cuenta Sharon Michel.

“Antes me sentía estresada, enojada y el box me ayuda a sacar el estrés. Hace que no me desquite con las demás personas o conmigo misma. Cuando golpeo el costal me siento libre, porque dicen que es un deporte sólo para niños y no es verdad”, agrega.

Sharon Michel no tiene ídolos, porque dice que quiere prepararse para admirarse a sí misma.

“Antes, a mi papá y a mi hermano no les gustaba que practicara el box, porque igual pensaban que no era un deporte de mujeres. Ellos ya vieron que me gustaba, que ayuda, y me dijo mi papá que si quiero seguir y quiero seguir subiendo categorías y dedicarme a esto, me va a apoyar”, comentó Sharon.

Finaliza con una confesión: “mi sueño es estudiar criminalística y ganar un campeonato del mundo en el box”.

 

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