Columna 7

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Semana Santa Blanca: No pudimos

Definitivamente no basta el esfuerzo de un ejército para someter la conciencia de la gente; no basta entonces que todos los órdenes de gobierno nos convoquen a ser responsables y a cuidar de nuestras vidas, porque son vidas que parece no valoramos, ni queremos.
Más de 11 muertos, más del mil heridos, más de 24 mil atenciones médicas y más de 3200 intoxicados por ingesta de alcohol, son tan sólo el asomo de números fríos y contundentes que nos hablan de nuestro pésimo comportamiento.

Ahora a quién vamos a responsabilizar? A los gobernantes? A los políticos? O finalmente nos haremos responsables de nuestros propios actos?
Es penoso el comportamiento humano, envuelto en círculos viciosos que arrojan resultados como los que ahora compartimos y nos hacen corresponsables a todos, hasta a los que no salimos pero que consentimos que nuestros hijos los hicieran en este mar de riesgos donde es un juego de azar salir vivos.
Mi reconocimiento para todos los cuerpos de emergencia y seguridad que a lo largo y ancho del estado dedicaron jornadas extras para salvaguardar la seguridad e integridad física de los miles de vacacionistas, créalo, muchas vidas se salvaron gracias a ellos, pero eso no es noticia; lo bueno, parece no interesarnos a nadie.

A Río Revuelto

Quiénes hicieron su mejor esfuerzo son los políticos de temporal, que salen en estas fechas a «prevenir» a los ciudadanos de todo, si, como lo lee, de todo hasta de picaduras de mosco; por ello el que no regaló botiquines, regaló sandías y los más ‘marros’ regalaron volantes que no tienen utilidad alguna pues no leemos en épocas normales menos en Semana Santa.
Destacan PAN y PRI, en esta filantropía política cuaresmal y Pascual, porque el resto de los partidos están en una ruina total y lo poco que hay es para los dueños o administradores de las franquicias.
Grave que siga sin importarle a los políticos el asunto de las playas, fundamentalmente en la zona de Guaymas, donde se han convertido en muchos casos en un verdadero negocio que no tiene explicación ni justificación pública, como el caso de la playa Los Algodones, ubicada en San Carlos donde el cobro o más bien «donativo» alcanzaba los 30 pesos por «estacionarse».
Agregar que en la mayoría de las playas de San Carlos ni siquiera hay accesos, los grandes y modernos latifundistas se mofan de la gente con y hasta de la autoridad.

 

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