EDITORIAL

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Con responsabilidad directa de los legisladores, la economía mexicana sufrió los estragos de la reforma hacendaria durante los primeros meses del año.

La región y el país en general enfrentan no solo las dificultades del sector comercial para ingresar a un sistema complejo, sino que el impacto ha sido mucho más fuerte de lo que se esperaba.

 

Como ejemplo, las ventas de las compañías que forman parte de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales cayeron poco más del cinco por ciento en términos reales durante el primer bimestre del año.

Además, la comercialización de autos apenas creció .6 por ciento en enero y febrero pasado, mientras que la industria de la construcción se desplomó este año.

Por si el panorama del 2014 no fuera suficientemente trágico, la inflación anual a febrero se ubicó en 4.23 por ciento, contra un 3.55 del año pasado.

Todo esto ha provocado un desplome en los pronósticos de crecimiento del Producto Interno Bruto, el PIB, como se le conoce, para este primer trimestre del año.

Y el factor principal de estas caídas es la reforma fiscal, según lo señalan los especialistas en economía de Monex y de Finamex, aunque en ambos casos tienen la esperanza de que a mediados de año las circunstancias cambien para bien.

Mientras, son muchos los comerciantes que están pensando en cerrar para contener los golpes al bolsillo y en los hogares ya se empieza a resentir la falta de empleo.

Al ver los datos queda claro que el 2014 arrancó mucho más débil de lo que se anticipaba, lo que hace urgente un golpe de timón por parte del Ejecutivo para intentar aminorar el daño.

Porque, si bien es cierto que por parte del sector comercial se admite que falta promoción a la capacitación y que estos cambios los obligarán a elevar su nivel y oferta, la realidad es que el país, una vez más, no estaba preparado para una reforma como la que se aprobó.

Aquí, las quejas de todos los sectores productivos no se hicieron esperar, contra los cambios en el sistema de contribuyentes, hasta por los nuevos impuestos.

Pero el golpe está dado y es ahí donde organismos como la Canaco cobran importancia porque de su buena representación depende el camino que siga el sector comercio que es el principal generador de empleos en el país.

Ya se sabe que los diputados no escuchan al ciudadano común, si así fuera al menos pensarían dos veces las propuestas que promueven cuando estas afectan al pueblo.

En el caso de la Cámara de Comercio y Servicios sí ha logrado plazos y suspensiones de algunas medidas que ponen en riesgo plazas laborales, por eso bien harían los legisladores y el gobierno federal en atender los planteamientos de los comerciantes y apoyar el esfuerzo que realizan por incentivar la capacitación en el sector.

 

Solo así se podrá superar la crisis y se podrá transitar hacia una economía estable, con recuperación de empleos y de empresas, a pesar de las reformas y de los malos representantes populares.

 

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