EDITORIAL

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De acuerdo con varios vendedores de abarrotes y tiendas de conveniencia, la venta de refrescos no ha disminuido, como ellos temían, debido al incremento que registraron sus precios con la nueva reforma fiscal.

Recordaremos que los comerciantes “pusieron el grito en el cielo” cuando se dio a conocer que se gravaría con un peso cada litro de refresco embotellado, así como la venta jugos, sobres para preparar bebidas, así como jarabes para saborizar las aguas frescas, todo ello encaminado a disminuir el consumo de azúcar que mantiene al país entre los que tienen mayores índices de obesidad.

 

Incluso, especialistas investigadores de la Universidad de Yale, aseguran que México ya superó a Estados Unidos en el consumo de refrescos, con una ingesta de 163.3 litros anuales por persona, contra 118.1 litros del vecino país.

Lamentablemente, aunque en Sonora han disminuido los porcentajes de personas que padecen obesidad y sobrepeso, debido a programas implementados por autoridades de Salud, todavía falta mucho por hacer para lograr una mayor concientización sobre el daño que ocasiona el abuso en el consumo de azúcares, grasas y carbohidratos.

Y es que  a pesar de que las enfermedades crónico degenerativas cada día ganan más terreno en México y cada vez más personas son víctimas de éstas a una edad más joven, todavía muchos creen que a ellos no les pasará y continúan con su vida disipada e ingiriendo productos nocivos para la salud.

Para combatir esta problemática se tiene que iniciar problemas entre los padres de familia, para que al niño, muchas veces a meses de nacido, no le proporcionen azúcares.

Hemos conocido casos de niños que toman la leche de fórmula con azúcar, entonces desde pequeños empiezan a crear una dependencia de los endulzantes, que a la vuelta de los años será muy difícil de erradicar.

Lo mismo pasa con la ingesta de dulces, galletas, chocolates, pero también grasas, harinas y carbohidratos en general, que crean adicción, pero también sobrepeso y obesidad, además de enfermedades crónico degenerativas como diabetes, cardiovasculares, entre otras.

Pero la obesidad también ocasiona problemas de baja autoestima y por ende, mala calidad en las relaciones interpersonales y en el caso de los hombres, es factor de inhibición del deseo sexual.

Esto es, el problema de obesidad no sólo se circunscribe al costo de medicamentos para atender enfermedades derivadas de ésta, sino también, perjudica la vida laboral, social y sexual de quien lo padece.

 

Así que la recomendación a los padres de familia es cambiar desde ya los hábitos alimenticios de sus hijos y obviamente la de los adultos también, para mejorar su calidad de vida, actual y futura.

 

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