EDITORIAL

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La intoxicación masiva ocurrida en esta capital por ingerir comida oriental contaminada obliga a reforzar el trabajo de las autoridades sanitarias, para proteger la salud de los consumidores.

Porque si algo exhibió el incidente con casi 200 afectados, fue el cuestionable manejo de alimentos en al menos una cadena de alimentos que opera en todo el estado, así como de otras tiendas donde seguido se presentan problemas, sin que los inspectores de salubridad actúen de forma rápida, como ameritan los casos que ponen en riesgo a las personas.

 

Ahora se trabajó porque el número de víctimas fue muy alto y porque el caso se difundió a nivel estatal y nacional, por eso los restaurantes que dieron sushi descompuesto están cerrados y se duda que vuelvan a funcionar, al menos con el desprestigiado nombre de Qué Rollo Sushi Bar.

Lo malo es que en otros casos, cuando se trata de quejas por mal manejo de alimentos, porque la cocina de los restaurantes está sucia o porque a algunas personas les cayó mal, lo que ha hecho la autoridad durante años es deslindar de responsabilidades a los establecimientos comerciales.

Por eso lo que pasó con el restaurante capitalino puede ser un precedente que se debe sentar para proteger la salud de los sonorenses, porque en cada sector de la ciudad existen ejemplos de tiendas que no cumplen con las mínimas reglas de salubridad.

Existen franquicias que usan alimentos congelados y no tienen la certificación de Control Sanitario, aunado al montón de puestos ambulantes que venden mariscos y que son revisados apenas una vez al año.

Y luego están los restaurantes que tienen prestigio con el puro nombre, pero que gozan de mala reputación por el estado insalubre de sus cocinas.

A ellos nadie les hace nada, a pesar de que es un secreto a voces que operan violentando la Ley y que en esos casos, la autoridad ha sido o muy indiferente o de plano, cómplice.

De ahí que los anuncios sobre las revisiones extraordinarias a restaurantes es una buena medida que traerá buenos resultados si se hacen de forma honesta, sin proteger intereses alejados de las normas sanitarias.

Adicionalmente, la inspección tendrá que ampliarse y no nada más acudir a los negocios que venden el satanizado sushi, sino a todos aquellos que expenden alimentos.

 

Si las revisiones se hacen bien, la autoridad sanitaria se va a topar con muchas sorpresas de empresarios inconscientes que y han hecho dinero sobre la suciedad sin importarles que ponen en riesgo la salud de la población.

 

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